Elegir para Crecer
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Este fragmento del capítulo 9 del libro de Teoría de la Elección. Una nueva psicología de la libertad personal del Doctor William Glasser tiene como propósito promover prácticas de crianza, bienestar emocional y desarrollo integral de los estudiantes del Colegio Rochester.

Texto extraído del libro de La Teoría de la Elección. Una nueva psicología de la libertad personal. Autor: William Glasser
Con esta sesión como guía, me gustaría explicar como criar a un niño utilizando la teoría de la elección. Al mirar atrás, me doy cuenta que aprendí mucho sobre la teoría de la elección de la experiencia con mis propios hijos. Ni mi difunta esposa, Naomi, ni yo conocíamos nada de la teoría de la elección sino hasta que nuestros hijos se graduaron de la universidad. Casi siempre estuvimos de acuerdo sobre qué queríamos hacer con ellos, o sea que nunca culpamos al otro por la clase de vida que ellos eligieron llevar. Utilizamos muy poco el castigo y no tuvimos los problemas de los que muchos padres se quejan. No fueron rebeldes y todos nos llevamos bastante bien. Nuestros hijos tenían muchos amigos que eran siempre bienvenidos en nuestra casa y casi todos ellos también son adultos exitosos y productivos. Para darnos una idea de cómo usar la teoría de la elección con los niños, podríamos estudiar la manera como los abuelos se relacionan con los nietos. Como abuelos parece que todos lo hacemos bastante bien.
Estoy muy consciente de que mucha gente no estará de acuerdo con lo que voy a decir: Así como hay mucho de azar en el matrimonio, no hay fórmulas mágicas para la crianza de los hijos, ni para llevarse bien con cada miembro de la familia. Si usted intenta lo que yo sugiero y no le funciona, puedo estar equivocado, pero también existe la posibilidad de que usted esté mucho más comprometido con la psicología del control de lo que cree.
La teoría de la elección es mucho más efectiva cuando se usa para prevenir problemas, que cuando se usa para resolverlos. Si usted observa honestamente las vidas de las personas que conoce y que han tenido relaciones problemáticas prolongadas, o incluso sus propios problemas, se dará cuenta que muy pocos de nosotros somos capaces de encontrarles soluciones. En la mayoría de los casos, los problemas se prolongan y no se resuelven realmente; eventualmente aprendemos a vivir en matrimonios infelices, esperando cada vez menos de esa relación. Creo que hacemos lo mismo con los niños. Manejamos nuestras decepciones no rechazándolos, esperando en cambio cada vez menos de ellos y ellos de nosotros.
La mayor preocupación de la mayoría de los padres es el futuro de sus hijos. ¿Tendrán vidas exitosas y felices? Para mí es igualmente importante preguntarnos: ¿Querrán pasar tiempo con nosotros y nosotros con ellos? Si son felices y disfrutan con nosotros, podemos darnos por satisfechos como padres. Muchos de nosotros no aspiramos a que nuestros hijos sean extraordinarios; parece que conocemos lo suficiente de la teoría de la elección como para darnos cuenta que más allá de cierto punto, no hay nada que podamos hacer para empujarlos hacia arriba en ninguno de sus esfuerzos. Podemos apoyarlos y ayudarlos a alcanzar sus metas, pero finalmente lo que los niños lleguen a ser, está fuera de nuestro control.
Siguiendo la tercera suposición de la psicología del control externo: Sabemos lo que es mejor para nuestros hijos, muchos de nosotros recompensamos y castigamos en nuestro afán por lograr que nuestros hijos hagan lo que creemos es mejor para ellos. Podemos seguir haciéndolo hasta que hayamos destruido por completo nuestras relaciones con ellos, sin haber logrado llevarlos hasta donde queríamos. Aún si nuestros hijos tienen éxito y hacen lo que nosotros creemos que está bien, es posible que en la lucha por llevarlos allí hayamos perdido el contacto cercano que todos nosotros deseamos conservar. Muchos dirán que mientras sus hijos hayan llegado hasta donde se les quería llevar, la cercanía con los padres no importa. Yo no acepto esto de ninguna manera. El no ser capaces de compartir el éxito es muy poco satisfactorio, tanto para ellos como para los padres.
Sólo puedo explicar la base de lo que sería la crianza de los hijos según la teoría de la elección: Mucho amor y nada de castigo. No tengo una fórmula para el diario vivir que indique qué hacer cuando el niño se porta mal, pero enviar a un niño a su cuarto o a un lugar donde pueda calmarse, sin gritarle, es, por lo general efectivo y no lesiona la relación. Al enviarlo a su cuarto advierta: «Cuando te sientas calmado, sal. Me gustaría hablar contigo sobre lo que pasó y ver si podemos evitar que suceda de nuevo, pero si no quieres hablar, está bien. Estaré bien simplemente con que te calmes». Y cuando salga del cuarto haga algo divertido con él que le indique que el incidente ya pasó y no hay resentimiento.
La creatividad es el corazón de toda buena relación. Haga cosas inesperadas. Con los niños muy pequeños que están haciendo una pataleta, yo finjo llorar y hacer una también. Quedan tan sorprendidos que se ríen o tratan de consolarme, yo siempre les agradezco y les digo lo importante que es su consuelo para mí. Por lo general se les olvida entonces lo querían o lo que estaban haciendo, y yo no se lo recuerdo. Algunas veces cuando están a punto de llorar les enseño un poco de la teoría de la elección, así: «Puedes llorar ahora o escoger hacerlo un poco más tarde, ¿Qué deseas hacer?» Aprender que llorar o hacer pucheros es su opción y de pronto no es la mejor en ese momento. Les da algo en que pensar: Pueden escoger no llorar si así lo desean. Como padre es muy útil enseñar directamente algo de la teoría de la elección. Explique las necesidades y el mundo de calidad primero y luego el comportamiento total. Niños de apenas cinco años de edad están aprendiendo sobre esta teoría en algunos de los colegios que pretenden convertirse en colegios de calidad, y esto puede, por supuesto, aplicarse en el hogar. El material para esto se encuentra en el apéndice de este libro.
Los adolescentes pueden también leer algunos capítulos de este libro y aprender de él. Estarán muy interesados si usted les cuenta que lo que está intentando hacer con ellos se encuentra en este libro.En lo que concierne al amor, no lo relacione con ningún comportamiento específico. Aclare que usted quiere a su hijo sin importar lo que haga, pero reconozca que al estar completamente fuera de orden, seguir amándolos no es fácil. La mejor manera de comunicar que los ama es mantenerse siempre dispuestos a hablar y escuchar. Con esta actitud usted tiene derecho a expresar sus opiniones y debe sentirse libre para decirles que no está de acuerdo con lo que hacen o intentan hacer. Pero no cantaletee, con decirlo un par de veces es suficiente. Esto se hace especialmente difícil cuando los hijos pretenden que los apoyemos en algo con lo que no estamos de acuerdo.
Por ejemplo, su hija desea abandonar sus estudios por seguir a un joven del que está enamorada y usted no está de acuerdo. ¿Qué hace? No existe una buena respuesta. Si usted tiene una relación fuerte con ella, probablemente, lo que haga no marcará ninguna diferencia. Usted será quien juzgue si lo que haga o deje de hacer va a contribuir a separarla aún más de usted. Su desacuerdo ya ha impedido que usted se acerque; lo que usted no desea es apartarse aún más.
Pregúntese: ¿Al decir o hacer esto nos acercamos o nos distanciamos más? Dígale que independientemente de lo que hagan en esta situación usted no desea que este incidente las separe. Explíquele el porqué, y pídale ayuda. Este es el círculo de solución padre - hijos comparable al que se utiliza para los matrimonios. Enséñele a sus hijos tan pronto como crea que están en capacidad de entenderlo, y enséñelo en un momento en el que se estén llevando bien, así podrá usarlo después cuando haya un problema.
Dentro o fuera del círculo padre- hijo lo mejor que puede hacer con la hija que quiere dejar la universidad es poner todas las cartas sobre la mesa y mostrarle la razón de su desacuerdo. Dígale que encuentra muy difícil apoyarla en lo que planea hacer, porque teme que ello pueda lastimarla. Dígale también que su relación con ella es más importante que cualquier otra cosa y pregúntele qué pueden hacer para mantenerla. Al hacerlo, el riesgo de que ella haga algo que arruine su vida será mucho menor. Sin embargo, tenga en cuenta que cuando el amor romántico está involucrado, nadie puede decirle a otro qué hacer. La teoría de la elección enfatiza: Haga lo que pueda para permanecer cerca de ella. La relación es más importante que estar siempre en lo correcto.
Al tratar con un niño, aconsejar es mejor que vociferar instrucciones. El mantenerse lo más cerca posible a él sin involucrarse profundamente en su futuro, es probablemente tan bueno como ofrecer su consejo. Si usted aconseja, no sea repetitivo ni sermonee. Es casi seguro que él ya lo escuchó la primera vez que lo dijo y supo lo que usted quería que él hiciera, incluso antes de escuchar el consejo. No saque a relucir el pasado en especial si lo que él ha hecho anteriormente no ha tenido éxito. Lo hecho, hecho está y mantener viva esa frustración es contribuir a separarse.
El recalcar logros del pasado, sin embargo, es muy buena idea. Pasará mucho tiempo antes de que nos cansemos de oír que hemos hecho un buen trabajo. Cuando el niño es muy pequeño, trate de convencerlo de que la mayoría de los errores pueden corregirse con el tiempo o logramos aprender a vivir con ellos. Muy pocas cosas son tan malas que no puedan ser corregidas o no se puedan dejar pasar. Preséntesecomo alguien que está siempre listo para ayudar pero no dispuesto a hacerlo por él. Un error serio que cometí con mi hijo mayor fue haber intervenido mucho y demasiado rápido al tratar de ayudar. Ámelos, pero déjelos que tropiecen cuando son jóvenes y así los tropiezos no se pagan tan caro como se pudieran pagar después.
La confianza es la base de una relación fundada en la teoría de la elección. Nunca es demasiado pronto para que los padres estimulen la confianza de sus hijos. Confiar en ustedes equivale a la certeza de poder hacer o decir lo que le parezca sin que esto provoque rechazo de su parte. Luego, cuando son adolescentes, esto es mucho más difícil de hacer, pero siempre es mejor no rechazarlos. Esto no significa que usted tenga que apoyar aquello con lo que no está de acuerdo. Existe una gran diferencia entre no rechazar y no apoyar, y los niños la entienden fácilmente, así como entienden su posición si usted se ha mantenido cerca.
Como ya expliqué, los padres hacen parte del mundo de calidad de sus hijos, lo que significa que los niños confían o desean confiar en sus padres. Los niños que no confían en sus padres los dejan permanecer en su mundo de calidad sólo porque no tienen con quien reemplazarlos. Entre más permanezcan los padres allí, los niños más desean poder confiar en ellos. Cuando un niño llega al punto en el que no desea ya confiar en el padre, es como si éste se convirtiera en un miembro inactivo de la comunidad de su mundo de calidad. Usted puede estar presente y aún cuando el niño parezca disfrutar de su compañía, él no confía en usted. La única manera de recuperar esa confianza es pasar un tiempo hablando con él, escuchándolo y acercándose uno el otro en el proceso.
Cuando usted esté tratando con un niño que no confía en usted y cometa un error, apresúrese a admitirlo. Usted no es perfecto ni espera que él lo sea. El admitir que es posible cometer errores construye o reconstruye la confianza. Los padres que reconocen sus errores sin dificultad, son vistos por sus hijos como más dignos de confianza que aquellos que siempre están en lo correcto y a quienes les cuesta mucho admitir un error. Los niños necesitan confiar en sus padres. Si no pueden hacerlo sienten que están viviendo sobre arenas movedizas.
Los padres que practican la teoría de la elección, empiezan a enseñarles a sus hijos a la edad de tres años, que deben estar dispuestos a asumir la responsabilidad por sus elecciones. Pero asumir responsabilidades no significa que serán castigados. Enviarlo a su habitación es lo máximo que usted podría necesitar para controlarlos. En una educación al estilo de la teoría de la elección no existe el castigo. Este es la esencia de la psicología del control externo; es una consecuencia impuesta que siempre aumenta la distancia entre padres e hijos. Casi todos los niños castigados emplean mucho tiempo y esfuerzo en evitar o resistir los castigos; tiempo y energía que podrían ser utilizados en ampliar su mundo y satisfacer sus necesidades. Los niños castigados tienden a limitar sus vidas, se concentran en evadir responsabilidades en lugar de aceptarlas. Los niños no deberían tener que sufrir más que las consecuencias naturales de aquello que ellos han elegido hacer.
Por ejemplo, si su hijo llega insistentemente tarde a la hora de la comida, debería poder cenar , aunque puede ser que su cena esté fría o incompleta. Es más, es posibleque tenga que prepararse algo él mismo, pero no deberá quedarse con hambre, a menos que sea tan perezoso como para no conseguir la comida por sí mismo. Si usted cree que el castigo soluciona los problemas, intente actuar sin recurrir a él. Verá como con una pequeña conversación y un poco de guía, sus hijos aprenderán a solucionar sus propios problemas, o aceptarán sus soluciones, no por temor al castigo sino porque confían en Usted y de esta manera no arriesgan lo más importante: la relación.
En vez del castigo, el padre que practica la teoría de la elección está constantemente enviando este mensaje: Quiero que aprendas de tus errores. Mi función, si alguno de los dos se encuentra insatisfecho con tus elecciones, es la de reunirme contigo y ayudarte a escoger la mejor manera de solucionarlo. Casi siempre habrá una mejor manera de hacerlo. Sin embargo te detendré, si considero que eres demasiado joven para saber en lo que te estás metiendo, pero mi propósito no será el detenerte, sino darte la oportunidad de aprender antes de que hagas algo que puedas lamentar. Es aquí donde la confianza es lo más importante; si su hijo confía en usted, le escuchará.
Muchos padres luchan con sus hijos a la hora de acostarlos y hasta que tienen cuatro años hacen lo mejor que pueden sin recurrir al castigo. Pero cuando son un poco mayores y aún no quieren irse a la cama, usted puede aprovechar para darles una lección invaluable de libertad personal. Tan pronto como considere que el niño estará seguro deambulando por la casa, dígale que confía en él lo suficiente como para que él mismo decida qué cantidad de sueño necesita. Esta afirmación le enseña que usted no es inflexible, ni está siempre en lo correcto, y que está dispuesto a darle la oportunidad de hacer lo que quiera siempre y cuando no se lastime o lastime a alguien más.
Cuando usted considere que ha llegado la hora de dormir, dígaselo pero aclárele que no tiene que acostarse si no lo desea. Puede permanecer levantado todo el tiempo que desee pero no podrá tener su atención ni la de ninguna otra persona en la casa. Él se hará cargo de sí mismo. Puede jugar o ver televisión, con el volumen muy bajo, si no hay otra persona viéndola. Cuando ustedes, los padres, se vayan a la cama, cierren la puerta y díganle que no podrá molestarlos ni a ustedes ni a las otras personas que aún estén despiertas. Si él molesta a alguien usted lo pondrá en la cama de inmediato, aún cuando esto signifique una gran pelea. Pero como él cree estar saliéndose con la suya, no habrá peleas. Dígale que Usted lo levantará a la hora de costumbre para ir al colegio y él deberá asistir aunque se encuentre muy cansado. Si se queda dormido en el colegio, no se preocupe; su admisión en la universidad no está en peligro.
Este es el momento de enseñarle a asumir su responsabilidad, no luego, cuando sea adolescente y haya más peligro de hacerse daño. Si usted lucha todos los días a la hora de dormir, está malgastando tiempo y energía que podría utilizar para enseñarle que siempre que exista la posibilidad de elegir, sin que nadie salga lastimado, podrá hacerlo. La hora en que el niño se vaya a la cama no afecta a nadie más. Si está tan malhumorado al día siguiente como para no poder divertirse o realizar su trabajo escolar, él optará por irse a la cama más temprano. El hecho de que no se conviertan en adversarios, posibilita darle algunos consejos y es probable que él decida escucharlos. Durante toda la primera infancia busque y aproveche estasoportunidades. En la mayoría de los casos, permitirle escoger su hora de dormir funciona bastante bien. Le brinda la oportunidad de cuidarse a sí mismo en una situación segura y no depender de nadie más.
Hable con él sobre la forma como están saliendo las cosas, ahora que la hora de dormir depende de él. Pregúntele si hay otras formas en las que él pueda cuidar de sí mismo y dígale que tratará de estar de acuerdo con lo que él desee. Comente que usted detesta las peleas y las discusiones y que realmente aprecia el hecho de que él se esté encargando de algo que antes era motivo de conflicto. Nunca le diga «te lo dije» si él decide que tienen que ir a la cama más temprano, sólo repítale que la hora de acostarse depende de él, ya sea más tarde o más temprano.
Este acercamiento cambia la relación, usted no es la persona inflexible que muchos niños ven en sus padres. Sus hijos aprenden que usted no impone las reglas sólo por imponerlas o porque otras personas hagan las cosas de determinada manera. Usted es tanto su compañero como su padre y desea darle toda la libertad de elección que usted crea que él es capaz de manejar. Pero si usted considera que él no está listo para manejar determinada situación, su opinión prevalecerá hasta que él esté listo. Siempre estará disponible para escucharlo y hablar del asunto para determinar ese momento. En la teoría de la elección no se da un «no» automático ni arbitrario y usted no está dispuesto a discutir. Esta no es la forma como usted quiere relacionarse con él.
Ahora, he aquí un ejemplo en el que usted no cree que un niño esté listo para tomar una decisión, ocasión en la que las cosas tendrán que ser a su manera. Su hija de ocho años se niega a ir al colegio y reacciona con histeria cuando usted trata de convencerla. Hasta el momento usted no conocía la teoría de la elección, pero tampoco había ninguna razón para preocuparse por la forma en que la niña estaba siendo educada. Se le ha dado mucho amor y este problema con el colegio llega de sorpresa. Ella siempre se ha resistido un poco a ir al colegio, pero esta mayor resistencia es algo nuevo. Al hablar con la directora, sugiere que Uds. se encarguen de llevar a la niña al colegio y éste se encargará de lo demás. Ella ha visto estos comportamientos anteriormente y cree que la niña se calmará tan pronto se dé cuenta que la situación no es negociable. Aún así, ustedes están preocupados. La idea de usar la fuerza no los convence. Pero, como ahora están aprendiendo a ser padres aplicando la teoría de la elección, le dicen a su hija que el ir al colegio no es una elección, es lo que todos los niños deben hacer, incluyéndola a ella. Actúan con amor y prudencia pero de manera tal que la niña capte el mensaje claro que esta situación no es negociable. Ustedes son buenos padres y la aman pero esta situación es muy difícil; su histeria parece genuina. Pero entre más permitan que ella los controle con su comportamiento, será más difícil convencerla de que la asistencia al colegio no es una elección.
Si hubieran sido padres al estilo de la teoría de la elección desde el principio, entonces ella sabría que en muchas otras situaciones ustedes son flexibles. Sin embargo, se han llevado bien con ella. Ella sabe que la aman y Uds. deben estar listos para actuar con firmeza en esta situación no negociable. No importa cuanto llore, llévenla al colegio, denle un beso y déjenla allí. Ya habrán alertado al personal del colegio de lo que ustedes harán y la manejarán de la manera más razonable, pero ustedes estándispuestos a que llore todo el día si así lo desea. Cuando ella se dé cuenta de que Uds. hablan en serio, no llorará por mucho tiempo. La confianza que han construido dará sus frutos. Puede ser que nunca se enteren de qué fue lo que pasó, o que ella se los explique después, pero, de cualquier manera, ésta es la forma de tratar este problema. Permanezcan firmes, sin amenazas ni castigos cuando lo consideren necesario. Sean flexibles tantas veces como les sea posible.
La comida es otro punto álgido para los padres que «saben lo que está bien» y utilizan el castigo para lograrlo. En lugar de enfrascarse en una batalla tan fácil de perder, ésta es una buena oportunidad para mostrarse flexible. Su hija, quien no está desnutrida, come sólo ciertos alimentos. Si es posible, sírvale sólo esos alimentos que le gustan. Si no lo es o le resulta inconveniente, sírvale la comida que se ha preparado para toda la familia y ya está. No diga nada si ella empieza a escoger lo que le gusta y deja el resto. Los fanáticos de los platos completamente limpios pertenecen a la organización de la psicología del control externo. Si desea preparar sus propios alimentos, permítale que lo haga. Eso es todo, sin discusiones, presiones ni adulaciones. Si ella decide comer lo que usted había preparado no le diga «te lo dije» ni tampoco se muestre demasiado preocupada si no se lo come. Ella no va a morirse de hambre. Si usted hace demasiado escándalo por la comida cuando ella es una niña, puede estar abonando el terreno para una anorexia posterior.
Según la teoría de la elección, todo lo que puedo ofrecerle en este libro es información y eso es lo que he hecho. Nada de lo que he dicho puede ser más importante que su propio criterio. Haga que se cumpla lo que crea que debe cumplirse pero trate de forzarlo lo menos posible. No proteja a sus niños de los pequeños problemas, ni trate de obligarlos a actuar a su manera cuando no sea realmente importante. De esta forma aprenderán de su propia experiencia, uno de los mejores maestros del mundo, lo que es inteligente y lo que es tonto. También aprenderán que usted no es una persona rígida y que usted no presta mucha atención a algunas cosas que son graves para los padres de otros niños. Aprenderán, también, desde pequeños que cuando usted considera que algo es importante, permanecerá firme sin importar cuanto protesten.
Cuando ellos eran niños, ustedes se las arreglaron para permitirles decidir sobre su hora de acostarse, sobre lo que deseaban comer y la ropa que querían usar. Un poco después, las cosas que para ustedes eran realmente importantes, como la escuela, la salud y la seguridad no fueron negociables; pero el haberles permitido tomar sus propias decisiones en muchas situaciones sobre las que otros niños no pueden decidir, les ha enseñado el valor de la negociación puesto que en la preadolescencia, gran parte de lo que desean solo puede obtenerse si se negocia. Ya no se les puede controlar físicamente tanto como cuando eran niños. Pueden castigarlos, prohibiendoles que salgan, pero esto resulta difícil de controlar y al ser muy estrictos arriesgan su posición dentro del mundo de calidad de su hijo. Ahora más que nunca, ustedes necesitan tener una imagen muy fuerte dentro del mundo de calidad de ellos. Ellos pueden meterse en muchos problemas durante el tiempo en que no se les puede tener castigados en casa, por ejemplo, a la entrada y a la salida del colegio.
Le guste o no, usted no puede controlar lo que hagan sus hijos cuando estén solos. Las drogas, el sexo, el alcohol, y el crimen están a su disposición y lo único que puede mantenerlos alejados y a salvo es su imagen, fuerte y clara en el centro de sus mundos de calidad. No basta con estar allí, generalmente los padres siempre lo están, es la fortaleza de esa imagen lo que puede significar la diferencia en las elecciones que ellos hacen por sí mismos. Su disposición a la negociación, además del hecho de haber negociado frecuentemente durante varios años en lugar de haber ser muy coercitivo, lo mantienen a usted y a sus creencias vivos en el mundo de calidad de su hijo. Empiece a enseñarles a negociar haciéndolo frecuentemente.
Su hijo tiene nueve años de edad y desea un perro. Usted no está muy convencido de querer un perro en su casa, pero está de acuerdo con que es una petición razonable para su edad y no quiere ser arbitrario en la decisión. Cuando pidió lo mismo a los seis años, se le dijo que debía esperar a tener nueve y él esperó. Esto demuestra que él respeta su criterio, pero perdería ese respeto si no le demuestra que a su vez respeta su criterio. A los nueve años ya puede aprender a negociar, lo que significa que usted puede averiguar qué tanto trabajo está él dispuesto a hacer para cuidar del perro. La mejor manera de empezar ésta o cualquier negociación es conversar mucho con él sobre el perro y demostrar entusiasmo por su petición. Si su petición es razonable, evite ser aguafiestas. Si definitivamente usted no quiere tener un perro en casa no cambie de parecer. Es más fácil ser firme desde el principio que vacilar, posponer y por último ponerse firme.
Discuta la raza y el tamaño; decidan si deberá ser un cachorro o un perro ya entrenado; escojan entre uno con pelo corto o uno de pelo largo, el temperamento, discutan el precio. Proporciónele lecturas acerca de perros, lo que también constituye una buena manera de que él descubra la utilidad de la lectura. Si usted vive en una ciudad grande revise con él los clasificados, en especial aquellos que ofrecen cachorros en adopción. Llévelo a conocer algunos perros. Haga de ésto un gran asunto; es una buena manera de acercarse y de iniciar una negociación. Al hacerlo hable con él sobre el cuidado del perro, de cuánto trabajo hará él y cuánto hará usted. Tenga en cuenta que solo tiene nueve años, no espere demasiado, pero el sacarlo a caminar y el ocuparse de su comida son tareas bastante razonables.
Si usted vive en una ciudad, explíquele por qué se necesita un recogedor de excremento y la forma de usarlo. Yo no le pediría que limpiara lo que el cachorro hiciera dentro de la casa; puede costarle mucho trabajo y sería durante un corto período mientras se entrena al cachorro. Pueden decidir entre los dos que lo mejor sería conseguir un pero que ya haya recibido entrenamiento. Trate de conseguirle el perro que él quiere, no el que usted deseó tener cuando niño.
Tenga presente que los adolescentes necesitan mucho amor, tanto o más como el pequeño quien a su vez posee un potencial menor para meterse en problemas. Tendemos a olvidar ese hecho y a tratarlos como adultos. Se requiere una gran creatividad para dar a los adolescentes el suficiente amor como para que lo escuchen aún cuando no están de acuerdo, y lo mantengan fuertemente ligado a su mundo de calidad. No espere a que el problema se presente. Anticípese a él hablando, riendo y compartiendo con el adolescente, esto es como tener una cuenta de ahorros de la que podrá hacer retiros después cuando se presenten los desacuerdos.
Si la pareja ha conformado un círculo y lo ha extendido a los hijos, resulta fácil convertirlo en un círculo de solución familiar. Si observamos a las familias bien avenidas veremos el círculo en acción. La familia se une como una unidad de apoyo para ayudar a cada uno de sus miembros en lo que pueda necesitar. Los miembros de familias regidas por la psicología del control externo tienden a culparse unos a otros cada vez que hay un problema. Cada uno sabe lo que está bien para sí mismo pero rara vez piensa en lo que está bien para la familia. La confianza es lo que mantiene fuerte el círculo. Mientras Uds. y sus hijos puedan mantenerse en ese círculo, ya sea que estén juntos o separados, tienen la mejor oportunidad de ser felices.





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