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¿Por qué a nuestros hijos les cuesta tanto concentrarse? 

hace 1 hora
4 min de lectura

La dificultad para concentrarse se ha convertido en una preocupación frecuente de las familias. “Se distrae muy fácil”, “no termina lo que empieza”, “hay que repetirle todo”, “no logra sentarse a estudiar”. Pero antes de preguntarnos cómo conseguir que un niño se concentre más, vale la pena hacernos otra pregunta: ¿qué entendemos por concentración y qué condiciones necesita para desarrollarse?



Concentrarse no significa simplemente permanecer sentado, mirar al frente y seguir instrucciones durante un periodo determinado. Aprender a concentrarse implica poder dirigir la atención hacia algo, sostenerla, encontrarle sentido, cambiar de estrategia cuando algo no funciona y volver a intentarlo cuando aparece una dificultad.


Por eso, en el Colegio Rochester la concentración no se aborda únicamente como una habilidad que el estudiante debe traer consigo. Hace parte de un proceso mucho más amplio: nuestro proyecto educativo busca desarrollar estudiantes capaces de participar activamente en su aprendizaje, tomar decisiones y asumir responsabilidad sobre lo que hacen.


Aprender no es solamente escuchar


Durante mucho tiempo, la imagen de un estudiante concentrado estuvo asociada a estar en silencio, sentado y mirando al profesor. Pero una clase puede tener silencio y poca atención, así como puede haber movimiento, conversación y participación mientras existe un alto nivel de concentración.


En el modelo pedagógico del Colegio Rochester, el estudiante tiene un papel activo en su aprendizaje. Esto cambia también la manera de entender la atención.


Cuando un estudiante necesita investigar, formular preguntas, construir una solución, trabajar con otros, explicar una idea o encontrar diferentes maneras de resolver un problema, su mente no está simplemente recibiendo información: está involucrada en el aprendizaje.


Esto se refleja especialmente en nuestras clases CBC (Community-Based Curriculum), donde los aprendizajes se conectan con situaciones, preguntas y desafíos que permiten a los estudiantes relacionar el conocimiento con el mundo que los rodea.


La concentración adquiere entonces un propósito. No se trata solamente de “poner atención”, sino de tener algo significativo en lo cual ponerla.


La curiosidad también sostiene la atención


Es difícil separar concentración de curiosidad.


Cuando algo despierta una pregunta genuina, queremos saber más. Cuando encontramos un desafío que nos interesa, buscamos una solución. Cuando entendemos para qué sirve lo que estamos aprendiendo, es más fácil involucrarnos.


Por eso, en el Colegio Rochester buscamos que el aprendizaje vaya más allá de memorizar contenidos. Nuestro proyecto educativo promueve experiencias en las que los estudiantes puedan preguntar, explorar, conectar, crear y tomar decisiones.


Las clases CBC son una expresión de esta mirada: el aprendizaje se relaciona con contextos reales y con preguntas que permiten comprender que lo que sucede en el aula tiene relación con la vida y con el mundo.


Y cuando el estudiante encuentra sentido en lo que hace, la concentración deja de ser solamente una exigencia externa y comienza a convertirse en una capacidad que él mismo puede desarrollar.


También necesitan aprender a manejar las distracciones


Por supuesto, vivimos en un entorno que presenta más estímulos que nunca. Pantallas, notificaciones, videos, videojuegos y contenido diseñado para captar nuestra atención hacen parte de la vida cotidiana de niños y jóvenes.


Pero educar para este contexto no significa únicamente eliminar todos los estímulos.


En el Colegio Rochester creemos que nuestros estudiantes necesitan desarrollar herramientas para tomar decisiones frente a ellos. Saber cuándo una distracción puede esperar. Volver a una tarea después de perder el foco. Organizar el tiempo. Reconocer cuándo necesitan una pausa. Elegir dónde poner su atención.


Esto conecta directamente con nuestra mirada de responsabilidad interna: progresivamente, queremos que los estudiantes puedan tomar control de sus decisiones y no depender exclusivamente de que un adulto organice permanentemente su comportamiento.


La concentración también se construye en las relaciones


Aprender requiere sentirse seguro para preguntar, equivocarse, intentar nuevamente y expresar que algo no se comprende.


Por eso, las relaciones de calidad son fundamentales dentro del proyecto educativo del Colegio Rochester. Un estudiante que puede preguntar sin miedo a equivocarse, que encuentra adultos que lo acompañan y que se siente parte de su comunidad tiene mejores condiciones para involucrarse en el aprendizaje.


La concentración no ocurre aislada de la experiencia escolar. Está relacionada con la motivación, la confianza, el sentido de pertenencia, el interés y la posibilidad de participar.


Por eso, cuando un estudiante tiene dificultades para concentrarse, la pregunta no debería ser únicamente “¿por qué no pone atención?”, sino también:


¿Qué está haciendo? ¿Para qué lo está haciendo? ¿Qué le despierta curiosidad? ¿Qué dificultad está encontrando? ¿Qué necesita aprender para poder avanzar?


Concentrarse también es aprender a tomar el control


En el Colegio Rochester entendemos la educación como una preparación para la vida. Y en la vida, nadie podrá organizar permanentemente nuestra atención.


Habrá que escuchar en una reunión aunque el tema no sea entretenido. Leer algo difícil. Resolver un problema complejo. Trabajar con personas diferentes. Aprender algo completamente nuevo. Dejar el celular a un lado. Volver a empezar después de equivocarnos.


Por eso, más que buscar estudiantes que simplemente permanezcan concentrados porque un adulto se los pide, nuestro proyecto educativo busca desarrollar personas capaces de reconocer dónde necesitan poner su atención, tomar decisiones y hacerse responsables de ellas.


La concentración, desde esta perspectiva, no es solamente una habilidad académica. Es una herramienta para la autonomía.


Y quizá por eso la pregunta que deberíamos hacernos no es únicamente “¿cómo logramos que nuestros hijos se concentren?”, sino:


“¿Cómo los estamos educando para que aprendan a decidir dónde poner su atención y por qué?”


En el Colegio Rochester creemos que educar para la vida también significa enseñar a nuestros estudiantes a elegir aquello que merece su atención, involucrarse en su aprendizaje y tomar progresivamente el control de sus propias decisiones.


Porque concentrarse no es simplemente mirar hacia adelante.


Es aprender a dirigir la propia atención hacia aquello que queremos comprender, construir y transformar.


Sandra Borrero Ortiz

Coordinadora de mercadeo

Colegio Rochester


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