¿Qué pasa cuando hacemos demasiado por nuestros hijos?

Proteger, ayudar y facilitarles la vida a nuestros hijos es una expresión natural del amor. Queremos evitarles dificultades, ahorrarles frustraciones y asegurarnos de que todo salga bien. El problema aparece cuando, sin darnos cuenta, empezamos a resolver por ellos aquello que necesitan aprender a resolver por sí mismos.
Hacer demasiado puede parecer una forma de cuidado, pero también puede quitarles oportunidades importantes para desarrollar autonomía, criterio y responsabilidad.
Un niño que siempre encuentra a un adulto que organiza, recuerda, decide, corrige o soluciona puede aprender que las dificultades son algo que otros deben resolver. Y justamente una parte fundamental de la educación consiste en acompañarlos para que, progresivamente, puedan hacerse cargo de aquello que les corresponde.
Ayudar no es hacer por ellos
En el Colegio Rochester entendemos la educación como una preparación para la vida, no solamente como un camino para alcanzar buenos resultados académicos. Por eso, la autonomía no significa dejar a los estudiantes solos frente a sus dificultades, sino acompañarlos para que aprendan a participar activamente en la solución.
Cuando un estudiante olvida algo, por ejemplo, podemos solucionar inmediatamente el problema o podemos ayudarlo a pensar qué ocurrió y qué podría hacer diferente la próxima vez. Cuando tiene un conflicto con un compañero, podemos intervenir para resolverlo o acompañarlo a expresar lo que siente, escuchar al otro y buscar una solución.
La diferencia parece pequeña, pero educativamente es enorme.
En el Colegio Rochester trabajamos desde la responsabilidad interna: la posibilidad de reconocer que nuestras decisiones tienen consecuencias y que podemos participar en la construcción de nuestra propia vida. Esto requiere oportunidades reales para decidir, equivocarse, reparar, intentar nuevamente y pedir ayuda cuando sea necesario.
La autonomía también se aprende
La autonomía no aparece de un día para otro cuando los hijos cumplen determinada edad. Se construye mucho antes, en pequeñas decisiones cotidianas.
Elegir, organizar sus cosas, asumir una responsabilidad, enfrentar una dificultad, solucionar un desacuerdo o reconocer un error son experiencias que van formando criterio.
Por eso, en el Colegio Rochester no buscamos que nuestros estudiantes simplemente cumplan porque un adulto les dice qué hacer. Buscamos que desarrollen herramientas para comprender, decidir y actuar con responsabilidad, incluso cuando no haya alguien diciéndoles cuál es la respuesta correcta.
Esto también hace parte de la felicidad y el éxito. Sentirse capaz de enfrentar una dificultad, saber que podemos pedir ayuda y reconocer que nuestras decisiones importan fortalece la confianza y las relaciones de calidad.
¿Qué podemos dejar de hacer por ellos?
Tal vez la pregunta no sea cuánto hacemos por nuestros hijos, sino qué estamos evitando que ellos aprendan a hacer.
A veces, acompañar significa dar un paso atrás. Permitir que intenten. Esperar antes de intervenir. Hacer preguntas en lugar de dar inmediatamente la respuesta. Aceptar que una pequeña dificultad hoy puede convertirse en una herramienta para una dificultad mayor mañana.
En el Colegio Rochester creemos que educar para la vida implica precisamente eso: ofrecer a niños y jóvenes las oportunidades necesarias para desarrollar autonomía, responsabilidad, criterio y capacidad de relacionarse con los demás.
Porque nuestro propósito no es que nuestros estudiantes necesiten siempre a alguien que les diga qué hacer. Es inspirarlos y educarlos para tomar control de sus vidas con el mundo en mente.
Y para lograrlo, a veces la mejor manera de acompañarlos es no hacerlo todo por ellos.
Sandra Borrero Ortiz
Coordinadora de mercadeo
Colegio Rochester





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