top of page

Si la IA puede darles la respuesta, ¿qué debemos enseñarles? 

hace 9 horas
5 min de lectura


Durante mucho tiempo, una parte importante de la educación consistió en enseñar a los estudiantes a encontrar respuestas: investigar, consultar fuentes, recordar información, resolver problemas y construir argumentos.


Hoy, muchas de esas respuestas pueden aparecer en segundos.


Una pregunta escrita en una herramienta de inteligencia artificial puede generar una explicación, resumir un texto, proponer ideas, resolver un ejercicio, traducir un documento o incluso escribir un ensayo.


Entonces aparece una pregunta que como familias y educadores ya no podemos aplazar:

Si la inteligencia artificial puede darles la respuesta, ¿qué necesitamos enseñarles?


La respuesta no está en competir con la tecnología.


Está en educar aquello que la tecnología no puede decidir por ellos: qué quieren aprender, qué preguntas vale la pena hacer, qué información merece confianza, qué decisiones quieren tomar y cómo quieren utilizar lo que saben para construir su propia vida y aportar al mundo.


El reto no es aprender a usar la IA. Es aprender a pensar con ella.


La inteligencia artificial generativa no es, por sí misma, buena o mala para la educación. Su impacto depende, en gran medida, de cómo se utiliza y con qué propósito. El Digital Education Outlook 2026 de la OCDE señala que la IA generativa puede apoyar el aprendizaje cuando está acompañada de principios pedagógicos claros. Sin embargo, cuando se utiliza simplemente para delegar tareas, puede mejorar el resultado que presenta un estudiante sin necesariamente producir un aprendizaje real. 

Esta diferencia es fundamental.


No es lo mismo pedirle a una herramienta que nos explique un concepto para comprenderlo mejor, que pedirle que haga por nosotros aquello que todavía necesitamos aprender a hacer.


No es lo mismo utilizar la IA para recibir preguntas que nos ayuden a profundizar una idea, que aceptar la primera respuesta que aparece sin cuestionarla.


No es lo mismo trabajar con una herramienta que ampliar nuestras posibilidades, que permitir que una herramienta piense en nuestro lugar.


La pregunta educativa, entonces, no debería ser únicamente “¿pueden nuestros hijos usar IA?”, sino “¿qué están aprendiendo cuando la utilizan?”


Cuando obtener una respuesta es fácil, hacer buenas preguntas se vuelve más importante


La inteligencia artificial puede producir respuestas con una velocidad que hace unos años parecía imposible.


Pero una respuesta rápida no necesariamente es una respuesta correcta. Y una respuesta correcta tampoco garantiza que quien la recibe haya comprendido algo.


Por eso, en un mundo donde la información está cada vez más disponible, adquieren todavía más valor habilidades como la curiosidad, el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad de argumentar, la comunicación y la toma de decisiones.


UNESCO, en sus orientaciones sobre inteligencia artificial y educación, pone precisamente el énfasis en la agencia humana, el pensamiento crítico y el uso ético de estas tecnologías.


Esto cambia también la manera en que entendemos el aprendizaje.


Un estudiante no aprende solamente cuando conoce una respuesta. Aprende cuando puede explicar por qué esa respuesta tiene sentido, cuestionarla, compararla con otras posibilidades, reconocer sus límites y utilizarla para construir algo propio.


Por eso, quizás una de las competencias más importantes para las nuevas generaciones sea una que parece muy sencilla:


aprender a preguntar.


  • ¿Qué quiero saber?

  • ¿Por qué ocurre esto?

  • ¿De dónde viene esta información?

  • ¿Qué evidencia existe?

  • ¿Hay otra manera de entenderlo?

  • ¿Qué consecuencias puede tener esta decisión?

  • ¿Qué pienso yo?


Estas preguntas no pierden importancia frente a la inteligencia artificial. La ganan.


La IA puede hacer mucho. Pero decidir sigue siendo nuestra responsabilidad.


Existe otro aprendizaje que cobra especial importancia: comprender que utilizar una herramienta también implica tomar decisiones.


  • La tecnología puede sugerir.

  • Puede comparar.

  • Puede explicar.

  • Puede generar.

  • Puede ayudar a organizar una idea.


Pero cada persona decide qué acepta, qué cuestiona, qué modifica y qué hace con aquello que recibe.


Esta capacidad de tomar decisiones de manera consciente es especialmente importante durante la infancia y la adolescencia, etapas en las que los estudiantes están construyendo progresivamente su autonomía.


En El Colegio Rochester entendemos la educación como una oportunidad para que cada estudiante desarrolle la capacidad de asumir responsabilidad por sus decisiones, sus relaciones y sus acciones.


Desde la perspectiva de la Teoría de la Elección de William Glasser, esto significa acompañar a los estudiantes para que reconozcan aquello que pueden elegir y puedan construir comportamientos más efectivos para alcanzar aquello que consideran importante.


Aplicado al mundo de la inteligencia artificial, el desafío es enorme y, al mismo tiempo, profundamente educativo: no se trata solamente de enseñarles qué herramienta utilizar, sino de ayudarles a decidir cómo, cuándo y para qué utilizarla.


¿Y si el verdadero riesgo no fuera la IA, sino dejar de pensar?


Una de las preocupaciones que comienza a aparecer con mayor fuerza en la investigación sobre inteligencia artificial es el llamado cognitive offloading: la tendencia a delegar determinados esfuerzos mentales en herramientas externas.


Delegar no siempre es negativo. Los seres humanos hemos utilizado herramientas durante siglos para ampliar nuestras capacidades.


El problema aparece cuando dejamos de realizar procesos mentales que todavía necesitamos desarrollar.


Una investigación publicada en 2026 en Scientific Reports analiza precisamente la relación entre el uso poco reflexivo de la IA generativa, el aprendizaje autodirigido y la dependencia de estas herramientas. Otros trabajos recientes también están estudiando cómo el uso de IA puede relacionarse con procesos de autorregulación y descarga cognitiva.


Por eso, frente a una tarea escolar, quizá la pregunta más importante no sea:

“¿La IA puede hacerlo?”

Sino:

“¿Qué parte de esto necesito aprender a hacer yo?”


Porque hay esfuerzos que vale la pena conservar.

  • Vale la pena aprender a escribir.

  • Vale la pena equivocarse intentando resolver un problema.

  • Vale la pena leer un texto difícil y volver a leerlo.

  • Vale la pena construir un argumento.

  • Vale la pena experimentar.

  • Vale la pena descubrir que una primera respuesta no era suficiente.

  • Vale la pena cambiar de opinión cuando encontramos mejores razones.


Esos procesos construyen pensamiento.

Y pensar es mucho más que producir una respuesta.

Entonces, ¿qué debemos enseñar?

Quizás la llegada de la inteligencia artificial nos está ayudando a volver a una pregunta esencial:


¿Cuál es el propósito de educar?


Si educar fuera únicamente transmitir información, la inteligencia artificial supondría un desafío enorme.


Pero si educar significa ayudar a niños y jóvenes a comprender el mundo, desarrollar sus capacidades, relacionarse con otros, tomar decisiones, resolver problemas, descubrir quiénes son y participar responsablemente en aquello que los rodea, entonces la conversación es diferente.


La IA no elimina la necesidad de educación. Nos obliga a hacerla más intencional.


Necesitamos estudiantes que sepan utilizar la tecnología, pero también que sepan cuándo no utilizarla.


Que puedan trabajar con inteligencia artificial, pero que no dependan de ella para construir sus propias ideas.


Que sepan encontrar información, pero también evaluar su calidad.


Que puedan recibir una respuesta, pero que tengan la curiosidad suficiente para preguntar una segunda vez.


Que puedan crear con tecnología, sin dejar de desarrollar su propia creatividad.


Y, sobre todo, que comprendan que ninguna herramienta puede tomar por ellos la responsabilidad de decidir qué tipo de personas quieren ser.


La educación del futuro seguirá siendo profundamente humana


Tal vez el desafío de la inteligencia artificial no sea prepararnos para un futuro en el que las máquinas harán cada vez más cosas.


Tal vez sea prepararnos para un futuro en el que ser humanos conscientes, curiosos, responsables y capaces de relacionarnos con otros será todavía más importante.


En El Rochester creemos que educar para ese futuro significa mucho más que incorporar nuevas herramientas a las aulas.


Significa acompañar a nuestros estudiantes para que desarrollen criterio, autonomía, pensamiento crítico, creatividad y la capacidad de tomar decisiones responsables.


Porque cuando una máquina puede ofrecer una respuesta en segundos, la educación tiene una responsabilidad todavía mayor: ayudar a nuestros estudiantes a saber qué hacer con ella.


Y quizá esa sea una de las preguntas más importantes que podemos hacernos hoy:

Si la inteligencia artificial puede darles casi cualquier respuesta, ¿qué preguntas queremos que nuestros hijos aprendan a hacerse?


Sandra Borrero Ortiz 

Coordinadora de Mercadeo 

Colegio Rochester

Comentarios


_MG_6168-Recovered-(1).jpg

Solicita Admisión

Inspirar y educar estudiantes a tomar control de sus vidas con el mundo en mente. 

bottom of page