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Celulares en el colegio: ¿prohibir, permitir o enseñar? 

hace 2 días
6 min de lectura

Hay una escena que se repite cada vez con más frecuencia en las conversaciones entre familias, docentes y colegios:

¿A qué edad debería tener celular mi hijo?


Y después vienen otras preguntas:


  • ¿Debería llevarlo al colegio?

  • ¿Debería poder usarlo durante el descanso?

  • ¿Y si necesito comunicarme con él?

  • ¿Es mejor prohibirlo?

  • ¿O será que prohibirlo solamente retrasa una conversación que tarde o temprano tendremos que tener?


No son preguntas sencillas.


El celular es, al mismo tiempo, una herramienta de comunicación, una fuente de información, un dispositivo de entretenimiento y una puerta de entrada a un mundo digital que nuestros hijos habitan cada vez desde edades más tempranas.


Por eso, la discusión sobre los celulares en el colegio no debería reducirse a una elección entre prohibir o permitir.


Hay una tercera posibilidad, mucho más exigente desde el punto de vista educativo: enseñar a utilizarlos con criterio. El celular sí puede distraer. Y eso importa. No se trata de negar lo evidente.


Un celular puede interrumpir una conversación, una explicación, una actividad o un momento de concentración con una sola notificación.


Los resultados más recientes de PISA muestran que la distracción digital es una realidad en las aulas. En promedio, en los países de la OCDE, el 28% de los estudiantes afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias. En Colombia, esta cifra llega al 36%.


Además, los estudiantes que reportan este tipo de distracción obtienen, en promedio, resultados más bajos en ciencias. En Colombia, la diferencia es de 9 puntos, aunque estos datos muestran una asociación y no permiten afirmar que la distracción sea por sí sola la causa de un menor rendimiento.


Por eso, un colegio tiene una responsabilidad clara: proteger las condiciones que hacen posible aprender.


Y aprender requiere atención. 

  • Requiere escuchar.

  • Requiere participar.

  • Requiere conversar.

  • Requiere equivocarse.

  • Requiere estar presente.


En determinados momentos, guardar el celular puede ser precisamente la decisión que permite estar realmente presente.


Entonces, ¿prohibir es la solución?


Las cifras muestran por qué tantos colegios y gobiernos están tomando medidas.


UNESCO reportó en 2026 que 114 sistemas educativos ya cuentan con prohibiciones nacionales del uso de celulares en los colegios. En pocos años, esta política pasó de ser una medida relativamente excepcional a convertirse en una tendencia educativa mundial.


Y los datos de PISA 2025 encuentran que los estudiantes que asisten a colegios donde el uso del celular no está permitido en las instalaciones son menos propensos a reportar distracción digital. En Colombia, la probabilidad de reportar esta distracción es aproximadamente un 33% menor en estudiantes de colegios con este tipo de restricción.


Esto nos dice algo importante: los límites sí importan, pero también nos dice algo más. La misma OCDE advierte que no existe evidencia suficiente para concluir que prohibir los celulares, por sí solo, produzca mejores resultados académicos. Los datos de PISA muestran una relación entre determinadas políticas y menores niveles de distracción, pero no permiten establecer que una prohibición cause directamente un mejor desempeño académico.


Por eso, quizás la pregunta no debería ser solamente:


“¿Debemos prohibir el celular?” Sino: “¿Qué queremos lograr con la manera en que regulamos su uso?” Un límite puede proteger. La educación enseña qué hacer con la libertad.


Esta diferencia es fundamental.


Un niño pequeño necesita que los adultos establezcan muchos límites porque todavía está desarrollando las capacidades que le permitirán regular su comportamiento.


A medida que crece, la meta educativa cambia. No queremos que un adolescente solamente se comporte adecuadamente porque un adulto está mirando. Queremos que pueda tomar una buena decisión cuando nadie está mirando. Ahí aparece una de las grandes preguntas de la educación:


¿Cómo pasamos de la regulación externa a la responsabilidad interna?


Porque eventualmente nuestros hijos saldrán del colegio.


Estarán en la universidad, tendrán un trabajo, viajarán.


Tendrán su propio dinero, sus propios horarios, sus propias relaciones y sus propios dispositivos.


Y nadie podrá decirles permanentemente cuándo guardar el celular.


Por eso, enseñarles a tomar buenas decisiones frente a la tecnología es una inversión mucho más profunda que enseñarles simplemente a obedecer una regla.


No todo uso de tecnología es igual


También es importante evitar una mirada simplista.


No es lo mismo utilizar un dispositivo para investigar una información durante una clase que revisar redes sociales mientras el profesor explica.


No es lo mismo utilizar una herramienta digital para crear, colaborar o resolver un problema que utilizarla para evitar pensar.


No es lo mismo una videollamada familiar en una situación necesaria que revisar constantemente las notificaciones.


  • El propósito importa.

  • El momento importa.

  • El contexto importa.

  • La intención importa.


Los resultados de PISA 2025 muestran justamente esta diferencia: un uso moderado de dispositivos para actividades de aprendizaje se relaciona de manera diferente con el desempeño que el uso recreativo prolongado durante la jornada escolar.


Por eso, hablar de “pantallas” como si todas las experiencias digitales fueran iguales tampoco nos ayuda. La pregunta educativa es qué estamos haciendo con la tecnología y qué estamos aprendiendo al utilizarla.


El verdadero reto empieza cuando el adulto no está presente


Imaginemos dos estudiantes.


El primero guarda su celular porque su profesor se lo pidió. El segundo guarda su celular porque entiende que en ese momento quiere concentrarse en una conversación, una explicación o una actividad que considera importante.


Externamente pueden estar haciendo exactamente lo mismo, pero internamente están aprendiendo cosas diferentes.


El primero está respondiendo a una regla, El segundo está tomando una decisión.


Y la educación tiene que ocuparse de ambas cosas.


Los límites ayudan a crear condiciones.


La conversación ayuda a construir criterio.


La experiencia permite aprender de las consecuencias.


Y la responsabilidad permite que, poco a poco, cada estudiante pueda tomar mejores decisiones por sí mismo.


¿Qué podemos enseñarles sobre el celular?


Podemos empezar por preguntas muy sencillas:


  • ¿Para qué quiero utilizarlo?

  • ¿Qué estoy dejando de hacer mientras lo utilizo?

  • ¿Este momento requiere mi atención?

  • ¿Cómo me siento después de pasar tiempo frente a una pantalla?

  • ¿Estoy utilizando el celular porque lo necesito o porque me cuesta dejarlo?

  • ¿Mi uso del celular está afectando mis relaciones?

  • ¿Estoy respetando el espacio y la atención de los demás?


Estas preguntas no buscan generar miedo frente a la tecnología.


Buscan desarrollar conciencia.


Porque un estudiante que puede hacerse estas preguntas está construyendo una capacidad que le servirá mucho más allá del colegio:


la capacidad de elegir.


También necesitamos aprender a desconectarnos


En una época en la que estar conectados permanentemente parece normal, desconectarse también puede convertirse en una habilidad.


Necesitamos espacios para conversar sin mirar una pantalla.


  • Para comer sin notificaciones.

  • Para caminar.

  • Para leer.

  • Para practicar un deporte.

  • Para jugar.

  • Para escuchar a otra persona sin interrumpirla. 

  • Para aburrirnos.

  • Para pensar.

  • Para estar presentes.


La propia OCDE ha señalado que la educación no solo debe proteger a los estudiantes frente a la distracción digital, sino también desarrollar las habilidades y comportamientos que les permitan navegar de manera responsable en entornos digitales.


Esto es especialmente importante porque la responsabilidad no termina cuando termina la jornada escolar.


Lo que aprendemos sobre tecnología en el colegio también se lleva a casa.


Y lo que vivimos en casa también llega al colegio.


Familia y colegio: la misma conversación en dos escenarios


Los niños y adolescentes reciben mensajes permanentemente sobre el uso de la tecnología.


Por eso, las familias también tienen un papel fundamental.


No se trata de que padres y colegios tengan exactamente las mismas reglas para todo.


Se trata de construir criterios coherentes.


  • Si en casa queremos que nuestros hijos puedan conversar durante la comida, necesitamos practicarlo.

  • Si queremos que aprendan a dormir sin el celular al lado, necesitamos acompañar ese hábito.

  • Si queremos que sepan respetar la privacidad de otras personas, debemos hablar sobre fotografías, mensajes y redes sociales.

  • Si queremos que aprendan a manejar la frustración sin refugiarse inmediatamente en una pantalla, tenemos que permitirles atravesar momentos de incomodidad.


Y si queremos que tomen decisiones responsables, tenemos que ofrecerles oportunidades reales para tomar decisiones.


La autonomía no se entrega de un día para otro. Se construye progresivamente.


¿Prohibir, permitir o enseñar?


Tal vez la respuesta más responsable sea: depende de la edad, del contexto y del propósito. Hay momentos en los que limitar o incluso prohibir el uso del celular es una decisión educativa necesaria. Hay otros en los que la tecnología puede enriquecer el aprendizaje. Y hay un aprendizaje que siempre debería estar presente:

saber decidir.


Porque nuestro objetivo no puede ser criar estudiantes que solamente sepan comportarse cuando existe una regla.


Queremos formar personas capaces de reconocer qué necesitan, evaluar sus opciones, considerar las consecuencias de sus decisiones y actuar de manera responsable.


En El Colegio Rochester creemos que educar también significa acompañar a nuestros estudiantes en ese proceso: pasar progresivamente de necesitar que otros decidan por ellos a desarrollar la capacidad de tomar decisiones conscientes sobre sus propias vidas.


Por eso, la conversación sobre el celular no termina con una pregunta sobre dónde guardarlo.


La pregunta más importante es otra:


¿Qué queremos que nuestros hijos sean capaces de hacer cuando tengan un celular en sus manos y nadie les diga qué hacer?


Si logramos que puedan responderla con criterio, responsabilidad y conciencia, habremos enseñado algo mucho más importante que una regla sobre tecnología.


Habremos contribuido a educarlos para la vida.


Sandra Borrero Ortiz 

Coordinadora de Mercadeo 

Colegio Rochester 

1 comentario


Tara Doridy
Tara Doridy
hace 17 horas

Como padre, esta lectura me llegó hondo porque vivo https://20-bet-ar.com/ esa pelea diaria en casa: mi hijo quiere el celular, yo quiero que aprenda a usarlo sin que se lo trague. Prohibir es lo fácil, pero me doy cuenta de que si solo le quito el teléfono, no le enseño nada para cuando sea adulto. Me gustó esa idea de pasar de la regla a la conciencia, de acompañarlo en vez de solo vigilarlo. Al final, quiero que sepa decidir solo, incluso cuando yo no esté mirando.

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