La Representación Espacial como Puente para Comprender Nuestro Entorno
- Christine Taunton Engel
- 15 ene
- 3 Min. de lectura
Por Laura Prieto Cortés, Profesora de Colombia

En la clase de Colombia, los estudiantes de primero de primaria se acercaron a la representación espacial como una herramienta clave para comprender mejor el lugar que habitan cada día. Esta experiencia de aprendizaje partió de una pregunta sencilla pero poderosa: ¿cómo imaginamos el espacio cuando no lo vemos directamente?
A partir de esta inquietud, cada grupo construyó el plano de su salón de clase. A través de sus dibujos, los niños lograron representar la distribución del espacio, identificar sus rincones favoritos y destacar aquellos detalles que hacen único su entorno. Este ejercicio les permitió nombrar, organizar y apropiarse conscientemente del lugar en el que aprenden y crecen.
Una vez elaborados los planos, los estudiantes reflexionaron sobre cómo sus dinámicas diarias están directamente relacionadas con la forma en que el espacio está dispuesto. Reconocieron, por ejemplo, cómo la ubicación de los tableros y el televisor facilita la visibilidad de los contenidos, cómo las mesas organizadas en círculo fomentan el trabajo colaborativo, cómo el rincón de la calma ofrece un espacio de tranquilidad y cómo las ventanas permiten aprovechar la luz natural. A través de estos descubrimientos, comprendieron que el espacio no es un simple escenario, sino un elemento activo que orienta y enriquece las experiencias en el aula.
Esta exploración también permitió resaltar el valor pedagógico del círculo amarillo, símbolo distintivo del Colegio Rochester y fundamento de la Teoría de la Elección. Más que un elemento decorativo, este círculo se consolidó como un recordatorio permanente de que cada estudiante tiene un lugar de escucha empática y respeto.
De esta manera, la representación espacial se transformó en una invitación a mirar el colegio con otros ojos y a reconocer que los espacios que habitamos influyen directamente en la forma en que convivimos, aprendemos y construimos comunidad.
Spatial Representation as a Way to Understand Our Environment
By Laura Prieto Cortés, Colombia Teacher
In the Colombia class, first-grade students explored spatial representation as a key tool to better understand the place they inhabit every day. This learning experience emerged from a simple yet powerful question: how do we imagine a space when we cannot see it directly?
Guided by this inquiry, each group created a floor plan of their classroom. Through their drawings, students represented the layout of the space, identified their favorite corners, and highlighted the details that make their environment unique. This process allowed them to name, organize, and take meaningful ownership of the place where they learn and grow.
Once the floor plans were completed, students reflected on how their daily routines are closely connected to the way space is organized. They recognized how the placement of whiteboards and the television supports visibility of class content, how tables arranged in a circle promote collaborative work, how the calm corner provides a space for tranquility, and how windows allow the use of natural sunlight. Through these observations, students understood that space is not merely a backdrop, but an active element that shapes and enhances classroom experiences.
This exploration also highlighted the pedagogical value of the yellow circle, a distinctive symbol of Rochester School rooted in Choice Theory. Rather than serving as decoration, the circle stands as a constant reminder that every child has a place for empathetic listening and respect.
In this way, the activity on spatial representation became an invitation to view the school with fresh eyes and to recognize that the spaces we inhabit influence how we interact, learn, and build community.





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