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Estudiantes del Rochester se destacan en encuentro académico UNCOLI

  • hace 12 horas
  • 7 Min. de lectura

“La Violencia se genera por la ruptura abrupta de la comunicación social”

Habermas  Por Andrea Polanco, Directora de Bachillerato



Pensar los problemas de la sociedad implica enfrentar retos inmensos, asumir inevitables incomodidades y atravesar frustraciones que, lejos de ser estériles, se convierten en el abono necesario para el crecimiento del conocimiento y la construcción del futuro.


El deseo genuino de encontrar soluciones a las problemáticas que afectan el día a día de la población y erosionan el tejido social, constituye la aspiración que todo profesor de ciencias sociales busca sembrar en el alma y la conciencia de sus estudiantes. En este propósito, la academia se erige como el escenario ideal para la construcción de ideas, el diálogo crítico y la formulación de soluciones colectivas.


Bajo esa convicción se llevó a cabo el Primer Encuentro Académico UNCOLI de Argumentación: Problemas Sociales y Políticas Públicas, realizado en el Gimnasio Campestre, espacio en el cual el Colegio Rochester tuvo el honor y el privilegio de participar. Su propósito fue —con el anhelo de que estos escenarios de discusión, reflexión y construcción colectiva continúen fortaleciéndose— acercar a nuestros estudiantes a las problemáticas locales, así como a los acontecimientos, conductas e ideas que configuran nuestra identidad cultural, históricamente marcada por la violencia, la desigualdad y las profundas fracturas sociales que atraviesan nuestro país.



Más allá del ejercicio académico, el encuentro representó una invitación a comprender la realidad desde una perspectiva crítica, humana y transformadora, reconociendo en la argumentación, el diálogo y la participación consciente, herramientas fundamentales para la construcción de una sociedad más justa y solidaria.


El equipo conformado por Isabela Ramirez, Maria Jose Rojas, Tomas Lopez y Nicolas Garcia, plantearon propuestas para paliar, disminuir y eventualmente eliminar la Violencia Intrafamiliar en Bogotá.


El encuentro académico no proponía la formación de bandos; por el contrario, promovía la construcción de consensos y el diálogo entre diversos actores, orientados hacia la búsqueda de acciones colectivas al servicio del desarrollo integral y la evolución del tejido social.


Las discusiones adquirieron gran intensidad, transitando desde el mundo de las ideas hasta las realidades tangibles. La problemática fue abordada desde múltiples disciplinas: el ámbito religioso; la perspectiva antropológica, tomando como referencia a Rita Segato y sus planteamientos sobre la construcción del patriarcado; el campo económico y la incidencia de los ingresos monetarios en el bienestar psicológico de las familias; la política entendida como herramienta de transformación social; y la psicología, particularmente en lo relacionado con los patrones de comportamiento configurados a partir de las ideologías dominantes y de las estructuras de poder que moldean la conducta social, en consonancia con los planteamientos de Michel Foucault sobre la manera en que los discursos, las instituciones y los mecanismos de control producen subjetividades y normalizan determinadas formas de pensar, actuar y relacionarse dentro de la sociedad.


Todo ello condujo a una reflexión sobre la ética y el ethos colectivo como síntesis integradora de estos campos del conocimiento, invitando a nuestros estudiantes a pensar de manera sistémica, relacional e interdependiente.


La dialéctica en estos espacios académicos se convirtió en el motor esencial del aprendizaje y la construcción colectiva del conocimiento. Más allá de la simple confrontación de posturas, el diálogo permitió que las ideas fueran cuestionadas, contrastadas y reconstruidas a la luz de argumentos provenientes de distintas disciplinas y experiencias humanas.


En este ejercicio, los estudiantes comprendieron que el pensamiento crítico no nace de la aceptación pasiva de una verdad absoluta, sino de la tensión entre perspectivas opuestas, de la capacidad de escuchar al otro y de la disposición intelectual para transformar las propias convicciones. Cada intervención, objeción y réplica enriqueció el debate y evidenció que las problemáticas sociales no pueden entenderse desde miradas aisladas o reduccionistas.


Así, la dialéctica y la investigación se consolidaron como herramientas pedagógicas y éticas que permitió a los participantes reconocer la complejidad de la realidad social y asumir el disenso, no como una amenaza, sino como una oportunidad para la construcción de soluciones más humanas, integrales y conscientes.


Como resultado final, se formularon propuestas de políticas públicas encaminadas a afrontar la problemática desde distintos enfoques, que iban desde la prevención hasta las medidas sancionatorias. Dichas iniciativas fueron evaluadas por docentes de la Universidad de La Sabana, quienes, con apertura y compromiso académico, enriquecieron el ejercicio formativo de nuestros estudiantes.


Al finalizar, nuestros estudiantes fueron merecedores de elogios, pues demostraron que el compromiso con la sociedad nace de un acercamiento serio, disciplinado y profundamente humano frente a las problemáticas colectivas. Reconociendo que la transformación de la realidad exige convicción, pensamiento crítico, investigación, disciplina y la certeza de que tanto la acción individual como la colectiva, poseen la capacidad de generar cambios significativos en el entorno social.


Como docente y guía de este grupo de estudiantes, me siento profundamente orgulloso de la postura crítica, la sensibilidad humana y el compromiso social que demostraron al momento de abordar problemáticas frente a las cuales, en muchas ocasiones, permanecemos indiferentes, pese a que afectan de manera directa o indirecta a toda la sociedad.


La educación debe ser un acto de conciencia, diálogo y transformación de la realidad. Nuestros estudiantes no se limitaron a recibir información de manera pasiva; por el contrario, asumieron el reto de cuestionar el mundo que habitan, comprender las estructuras que producen desigualdad y reflexionar sobre su papel en la construcción de una sociedad más justa, crítica y humana.



Rochester Students Stand Out at UNCOLI Academic Conference


“Violence is generated by the abrupt breakdown of social communication”

Habermas


By Andrea Polanco, High School Director


Thinking about society’s problems means confronting immense challenges, accepting inevitable discomforts, and enduring frustrations that, far from being sterile, become the necessary foundation for the growth of knowledge and the construction of the future.


The genuine desire to find solutions to the problems that affect people’s daily lives and erode the social fabric constitutes the aspiration that every social sciences teacher seeks to instill in the souls and minds of their students. In this purpose, academia stands as the ideal setting for the construction of ideas, critical dialogue, and the formulation of collective solutions.


Under this conviction, the First UNCOLI Academic Argumentation Conference: Social Problems and Public Policies was held at Gimnasio Campestre, an event in which Colegio Rochester had the honor and privilege of participating. Its purpose was — with the hope that these spaces for discussion, reflection, and collective construction continue to grow stronger — to bring our students closer to local issues, as well as to the events, behaviors, and ideas that shape our cultural identity, historically marked by violence, inequality, and the profound social fractures that run through our country.


Beyond the academic exercise, the conference represented an invitation to understand reality from a critical, human, and transformative perspective, recognizing argumentation, dialogue, and conscious participation as essential tools for building a more just and supportive society.


The team composed of Isabela Ramirez, Maria Jose Rojas, Tomas Lopez, and Nicolas Garcia proposed initiatives to alleviate, reduce, and eventually eliminate domestic violence in Bogotá.


The academic conference did not aim to create opposing sides; on the contrary, it promoted consensus-building and dialogue among diverse actors, oriented toward the search for collective actions in service of integral development and the strengthening of the social fabric.


The discussions became highly intense, moving from the world of ideas to tangible realities. The issue was approached from multiple disciplines: the religious sphere; the anthropological perspective, taking as a reference Rita Segato and her ideas on the construction of patriarchy; the economic field and the impact of monetary income on families’ psychological well-being; politics understood as a tool for social transformation; and psychology, particularly regarding behavioral patterns shaped by dominant ideologies and power structures that influence social conduct, in line with Michel Foucault’s ideas on how discourses, institutions, and mechanisms of control produce subjectivities and normalize certain ways of thinking, acting, and relating within society.


All of this led to a reflection on ethics and collective ethos as an integrative synthesis of these fields of knowledge, inviting our students to think in a systemic, relational, and interdependent way.


Dialectics within these academic spaces became the essential engine of learning and the collective construction of knowledge. Beyond the simple confrontation of positions, dialogue allowed ideas to be questioned, contrasted, and reconstructed in the light of arguments coming from different disciplines and human experiences.


Through this exercise, students understood that critical thinking is not born from the passive acceptance of an absolute truth, but rather from the tension between opposing perspectives, the ability to listen to others, and the intellectual willingness to transform one’s own convictions. Every intervention, objection, and rebuttal enriched the debate and demonstrated that social problems cannot be understood through isolated or reductionist perspectives.

Thus, dialectics and research became pedagogical and ethical tools that allowed participants to recognize the complexity of social reality and to embrace disagreement not as a threat, but as an opportunity to build more humane, comprehensive, and conscious solutions.

As a final outcome, proposals for public policies were formulated to address the issue from different approaches, ranging from prevention to punitive measures. These initiatives were evaluated by professors from University of La Sabana, who, with openness and academic commitment, enriched the educational experience of our students.


At the end of the event, our students received high praise, as they demonstrated that commitment to society is born from a serious, disciplined, and deeply human approach to collective problems. They recognized that transforming reality requires conviction, critical thinking, research, discipline, and the certainty that both individual and collective action possess the power to generate meaningful changes within society.


As the teacher and mentor of this group of students, I feel deeply proud of the critical perspective, human sensitivity, and social commitment they demonstrated when addressing issues toward which we often remain indifferent, despite the fact that they directly or indirectly affect all of society.


Education must be an act of awareness, dialogue, and transformation of reality. Our students did not limit themselves to passively receiving information; on the contrary, they embraced the challenge of questioning the world they inhabit, understanding the structures that produce inequality, and reflecting on their role in the construction of a more just, critical, and humane society.

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